De nuevo otro amanecer rodeado de autocaravanas y alguna furgoneta que otra, todas más grandes que la nuestra. La idea para este día que comienza, visitar el estadio del Oporto, aunque sea por fuera, por deseo expreso de nuestra adolescente compañera. Y luego por otro deseo de la que ya no es adolescente, acercarnos hasta la desembocadura del Duero y ver ese final del río.
Lo primero en este mundillo es recoger todo, y esta vez colocarlo en su debido lugar, habíamos decidido ir con el coche, para proseguir viaje y no tener que perder tiempo volviendo al área. Muy cerca de donde dormimos, había varias cafeterías, acudimos a una de ellas ya con todo listo para viajar los tres. Las gentes de Portugal se caracterizan, al menos esa impresión he tenido las veces que he ido, por su cordialidad, cierto que nuestra idioma no es el mismo, aunque nos entendemos a poco que hagamos un pequeño esfuerzo, y ahí es donde ellos procuran complacernos, lo cuál es digno de agradecer. Desayunamos y pusimos el GPS rumbo al estadio de los dragones, dicho así suena a chino, es simplemente el terreno de juego del Oporto, club de los más grandes de este país y donde militó nuestro Iker Casillas desde el 2015 hasta el 2020. Terminamos de ver por fuera el estadio y de nuevo rumbo al centro de la ciudad, aparcamos muy cerca del lugar donde queríamos ir.Nuestro gozo en un pozo en cuanto a vistas del lugar, una espesa niebla envolvía el lugar, con ánimo de levantar, pero no a tiempo de contemplar lo que vinimos a observar. Pese a todo la temperatura era perfecta y paseamos por su orilla, pegados al malecón y fotografiando los barcos y barcazas entre la niebla que permanecían varados en puerto. Un observatorio meteorológico colocado justo antes de terminar el río y comenzar el océano, servía de respaldo para un par de pescadores que prueban suerte en ese arte para gente paciente, que es la pesca. Con más o menos suerte nosotros descubrimos otro punto de vista de la ciudad algo distinto del céntrico y aunque no muy alejado, la vida se mueve a otro ritmo, hay más jardines, parques, más gente haciendo deporte, más paseantes que turistas, pero lo que no falta es el vistoso y enigmático tranvía, en una intersección de calles tienen su parada y se van llenando de gente, algunos lo usarán como medio de transporte para sus trabajos, compras, etc. y otros simplemente montarán por tener el recuerdo de haber viajado en el mítico y peculiar tranvía de Oporto. Poquito a poco y siempre paseando, llegamos de nuevo a nuestro propio medio de transporte, que en este caso nos sirve de eventual y nómada forma de viajar. El siguiente destino ya estaba en el GPS y saliendo de Oporto por otro de sus puentes, cruzamos el Duero y despedimos a esta ciudad que nos ha encandilado. Y si dejamos una hermosa ciudad, vamos camino de otra que para nosotros ya no era desconocida, y que será de nuevo apuntada por el objetivo de nuestras cámaras y miradas. La parte de lo que es ciudad, es inevitable atravesarla antes de llegar a la zona de playa que era nuestro deseo, Costa Nova es como una extensión de Aveiro, es la zona de baño de todo el que vive en el interior, parece a mi entender un pueblo de veraneantes, donde los más agraciados tienen sus casas y el resto le toca acercarse en sus coches y eso hace que a nosotros nos cueste llegar al área marcado como aparcamiento para autocaravanas. Nos costó llegar y nos costó encontrar sitio, no olvidemos que estamos en agosto y para el veraneante es el mes favorito para disfrutar de la playa. Pese a la tardanza el hueco que encontramos fue de nuestro agrado, unos tocones de madera delimitaban el sitio para cada vehículo, y ahí entre dos autocaravanas protegida, colocamos la furgoneta y montamos en campamento. Llegamos sobre las 14:30, nos acercamos a la playa con la esperanza de tener más suerte de baño, paseamos por las maderas a tal fin dispuestas y nos dispusimos dándonos sombra propia, alrededor de la mesa y de nuevo comimos en el lugar .La siesta es algo obligatorio, no por ser español sino porque estar todo el día trasteando, se haría agotador si no descansas un poco a mediodía. Entre unas cosas y otras nos dieron las seis de la tarde, apetecía acercarse a ver las casas de colorines tan vistosas y tan famosas de esta pequeña población, este pueblo es como un espigón saliente al mar, por un lado tienes el océano y por el otro la ría que viene de Aveiro, más tranquila de aguas y con un paseo muy apetecible de deambular y descubrir el colorido de sus barcas en el pequeño puerto, pero como digo, las estrellas del lugar son sus casas rayadas, una maravilla para la vista y una alegría para nuestras fotos. El ambiente era festivo, debían de haber celebrado una fragata, entregando los premios estaban en algo que parecía ser la cofradía de pescadores. Fotos y más fotos delante de las casas, incluida donde en el año 2005 nos tomamos una instantánea y que aún conserva todo su esplendor.Siendo ya una hora cercana a la cena, nos volvimos a la furgo, donde nos dimos una ducha y limpios y aseados preparamos un suculento alimento para satisfacer nuestros estómagos. Nos dio tiempo de acercarnos a la playa antes de que el sol desapareciera del horizonte y pudimos contemplar un bonito atardecer con el océano de frente, el mismo que no nos dejaba disfrutar a gusto del baño pero nos ofrecía un maravilloso espectáculo. Sin luz diurna, con el ruido de las olas y por ese paseo de madera, de nuevo tocaba descansar del día y esperar al nuevo amanecer. El sexto día de estancia en Portugal nos esperaba.
Hacer colada por la tarde: lavandería: https://goo.gl/maps/yB2cfiWM2RWnph1a9
Dormir en Aveiro: https://goo.gl/maps/Gi9F8J9sbWyuyX4L9
No hay comentarios:
Publicar un comentario