viernes, 1 de diciembre de 2023

Día 4: Oporto - Oporto

 Muy temprano nos invadió la luz por las diminutas y escasas rendijas de los parasoles, y como días anteriores, abrimos nuestra pequeña y eventual casa, y descubrimos un nuevo amanecer. Oporto nos esperaba como a miles de personas para descubrirle y ser nosotros en primera persona los que opinásemos si era digno o no de visitar. Vestidos y lavados la cara en tiempo récord, desayunamos y con todo preparado para documentar el día, cruzamos la carretera y emprendimos nuestro periplo más o menos certero con el manejo del metro. Resulta que hay que sacar un billete para cada uno, pero claro nosotros teníamos un solo billete, pero con cuatro viajes, aquello solo pica un billete por muchas veces que lo pases por la máquina, así que sacamos otro y picamos en total dos, uno de cada billete.


Resumiendo viajamos tres, con solo dos descargas, así fue la ida y la vuelta. Creo que ahí viaja la mitad de la gente gratis, ni tornos de paso, ni revisores, en fin. No estaba cerca la estación del mercado del Bolhao, 12 estaciones se interponían entre nuestra Senda Nova y esta que recibe el nombre del mercado que al lado está. Nada más salir de la boca del metro, lo primero que encuentras de frente es la bonita fachada de la iglesia de Santa Catarina con sus azulejos azules, buen recibimiento para comenzar una visita a la ciudad. A muy pocos metros se encuentra el ya nombrado mercado de Bolhao, por la hora muy concurrido, dos plantas para un imponente edificio, con mucha actividad y muchos puestos de venta de todo tipo de alimentos. Siguiendo un pequeño itinerario que encontré en una web, nos dirigíamos hacía la torre de los Clérigos, pero cambiamos de rumbo, cuando dimos con una enorme plaza. Dicha plaza alberga el Ayuntamiento de la ciudad, allí llamado cámara municipal, dos grandes avenidas a sus lados, una de ellas muy nombrada, la avenida de los Aliados, todo Portugal tiene muy grabada su famosa revolución de los claveles, la historia de este país cambió con ese evento. La calle  desemboca contra la estación de Sao Bento, con sus famosos azulejos y su grandiosidad, lugar de obligada de visita. De nuevo nuestros cuerpos nos pedían degustar algo de tentempié, y sorteando un nudo de calles, escogimos la concurrida y vistosa rúa de las Flores y en una de sus cafeterías volvimos a degustar el buen café de estas tierras y una tartaleta como la que comimos en su día en Lisboa.
Siguiendo por dicha calle, llena de gentes y comercios, llegas al mercado Ferreira, un edificio rojo que impone, de frente un gran jardín y a su derecha la famosa cámara de comercio. Nuestro empeño y más cercano deseo era llegar al Duero, ese mismo río que baña nuestra tierra y nuestro pueblo y que a cientos de kilómetros, se nos volvía a presentar majestuoso antes de verter sus aguas al océano Atlántico. Sí, ese océano que tan frías y tan revueltas son sus aguas para el baño. Al acabar una pequeña y estrecha calle descubrimos el alma de esta ciudad, lo primero un conglomerado de railes que van y vienen, y los tranvías tan característicos de esta villa. Cruzando por todo ese entramado, llegamos al borde del río, majestuoso, su anchura deslumbra y su actividad naviera, más turística que de otra índole, da muestras de la importancia que a lo largo de la historia a tenido esta gran ciudad. Apostados en la baranda del borde, nos deleitamos con ese río que nos transporta, sabiendo que esas aguas pasaron cercanas a nuestras casas y acaban allí, cumpliendo un fin de ciclo tan loable como todo lo ofrecido en su largo recorrido. Desde ese punto ya se divisa otra de las joyas de éste lugar, el puente de Luis I, un puente construido en hierro  y con dos plataformas, vida por arriba y vida por debajo, cumple su función con creces.
Lo pasamos por debajo sin dejar de asombrarnos por su majestuosidad sobre el Duero y no podíamos dejar de subir por una de las calles que nos condujeron a la parte superior donde predomina la línea de metro, gentes, metro, coches y artistas callejeros  se mezclan en algo que encandila y se presenta mágico. Nada más atravesar este famoso puente, el estómago pedía su sustento y tocaba buscar un sitio para deleitar lo que todo el mundo ensalza en Portugal: su comida. Antes de eso, visitamos otro idílico lugar, la catedral, un majestuoso edificio con su plaza, donde personas paseando y fotografiándolo todo se entremezclaban en un ordenado desconcierto, al tiempo que un musico callejero tocaba "Por ti Volaré" de Andrea Bocelli. Un rato antes la cantante callejera, como así se denomina ella, Estrela Gomes, regalaba para nuestros oídos aquel gran éxito de Elvis Presley, "I cant help falling in love", realmente una maravilla. Después de varios intentos fallidos por encontrar sitio, en el barrio de Riviera, situado junto al río, por una de sus estrechas calles, rúa da Fonte Taurina, encontramos mesa para tres en el restaurante Adega do Conde y allí saciamos nuestro apetito. El lugar parecía sacado de una película de bucaneros, solo faltaba el loro subido en la barra y el cocinero con pata de palo, el pañuelo en la cabeza ya lo llevaba. ¿Quién sabe si algún día esa escena fue realidad?. 

Oporto estaba satisfaciendo nuestras expectativas, pero tantas horas pateando la ciudad, requería de un pequeño descanso, pero aún nos quedaba ver la torre de los Clérigos aunque no subimos y hacer un intento para entrar en la famosa librería Lille, la que ha liado Harry Potter, la cola era para casi cuatro horas, así que desistimos y tomamos rumbo por esa parte de la ciudad que no habíamos visto, hacia el lugar y esa boca de metro, que por la mañana nos vomitó en la calle frente a Santa Catarina. No sin antes entrar en la pastelería Bem Bom y comprar algunos dulces típicos.

Regresábamos a nuestro punto de partida, cansados pero contentos por lo visto y vivido, con un montón de sensaciones y la cabeza llena de imágenes a cual más agradable de recordar.

De nuevo contando las paradas tantas como 12 estaciones, a la 13 nos apeábamos en el lugar donde habíamos dejado nuestra pequeña furgoneta. Caía la tarde y ya tranquilos y apaciguados de tanto trajín, nos llegó la hora de dormir y esperar al siguiente día, el quinto de nuestra aventura en tierras de Portugal.

 Ver el sábado:    https://www.viajeroscallejeros.com/oporto-en-dos-dias/

Dormir en Oporto: Área de autocaravanas:   https://goo.gl/maps/27xqLVPoXm3VYZubA

                                Cerca del área por si está lleno: https://goo.gl/maps/tHaBpD81z4s8VLu79

                               otra opción más cerca del centro: https://goo.gl/maps/zEybvKCW4nQ4GBUS9 

 Duchas en Oporto: https://goo.gl/maps/iirD32ygKNMxGHp2A

Aparcar en parque Cidade, para duchas:  https://goo.gl/maps/YWNUKB86h14drDd67

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